Estaba sucio, olía mal.
Chillaba.
No sabía qué hacer.
[Quizá hubiera sido mejor lana-seda]
miércoles, 27 de abril de 2011
domingo, 24 de abril de 2011
Nieva
Hace tanto frío que la cremallera del bolsillo me muerde la piel, y la leche del desayuno ya no calienta la garganta, pero no hace falta hablar, sólo seguir amontonando nieve y terminar el muñeco que estamos haciendo.
Qué ilusión, hermanito, la nieve, qué contento y qué ilusión te hizo cuando te desperté hoy y te dije ssshhh ya verás y te puse la leche en el tazón del desayuno con la mano metida en el bolsillo, bebe la leche hermanito que vamos a jugar con la nieve, ya verás qué sorpresa damos a todos, y cómo callabas con los ojos bien abiertos, por una vez cómo callabas, tú que siempre hablas de más y siempre gritas con esa vocecilla ruidosa todo lo que hago aunque te diga ssshhh pero hoy dije ssshhh y como era nieve recién caída, cuajada, blanca, la nieve que te prometí, te acuerdas, callaste y sigues callado cuando la nieve te rodea, con los ojos cerrados y escarcha de leche helada en las comisuras de los labios, la nieve me irrita la piel pero tengo que acabar antes de que despierten todos y te busquen, pero aún no ha amanecido y aún queda tiempo y aún siguen cayendo esos copos lentos.
domingo, 10 de abril de 2011
Hilos de humo
Solamente decimos no te enamores a quien sabemos que puede caer, sólo decimos no te fíes a quien sabemos que va a cerrar los ojos; sólo insultamos al que vemos que le duele y sólo decimos vete al que sabemos que va a quedarse. Elogiamos la soledad, elegimos el placer y el hic et nunc, aunque en el fondo muy al fondo palpita el no se te ocurra enamorarte, claro que entonces, qué sería del magnetismo perverso de ese cable tendido ante el abismo.
sábado, 9 de abril de 2011
Poco más que añadir VII
Algunos países actúan como una droga. Es el caso de China, que tiene el sorprendente poder de convertir en pretenciosos a todos aquellos que han estado allí, incluso a todos aquellos que hablan de ella.
La pretensión induce a escribir. De ahí la ingente cantidad de libros sobre China. […].
Nada permite tanto dárselas de algo como decir “Acabo de llegar de China”. Y todavía hoy, cuando intuyo que alguien no me admira lo suficiente, recurro a un “cuando vivía en Pekín”, pronunciado como quien no quiere la cosa y en un tono de voz indiferente.”
[…]
El esnobismo no es la única explicación. El elemento fantástico es tremendo e irresistible. Cualquier viajero que desembarcase en China sin una buena dosis de fantasías Chinas, no vería más que una pesadilla.
[…]
Por supuesto, estaba la Ciudad Prohibida, el Templo del Cielo, la Colina Perfumada, la Gran Muralla, los sepulcros Ming. Pero eso era para los domingos.
El resto de la semana estaban la inmundicia, la desesperación, la corriente de hormigón, el gueto, la vigilancia, disciplinas en las que los chinos sobresalen.
Ningún país deslumbra hasta tal punto: las personas que lo abandonan se refieren a las maravillas que han visto. Pese a su buena fe, no suelen mencionar una fealdad tentacular que no ha podido pasarles por alto. Se trata de un fenómeno extraño. China es como una hábil cortesana que consiguiera hacer olvidar sus innumerables imperfecciones físicas sin siquiera disimularlas, y que inspirase una admiración incondicional entre todos sus amantes.
El sabotaje amoroso, Amélie Nothomb
sábado, 19 de marzo de 2011
Insectos de invierno
En menos de un minuto de retención de aliento Frente a la piel tierna del brazo, manos tensas, voraces [uno, dos, tres, cuatro] los picotazos del aguijón curvo. Ni siquiera sangran, sólo [testigos, señalan] ahí.
De Instrucciones para una infancia alegre o Nunca desprecies la línea del bajo: Interior
sábado, 5 de marzo de 2011
De sedas y sombras
Llegó a amarla tanto tras aquel encuentro efímero, los cruces de palabras tras los pabellones y los mensajes furtivos en las lunas claras que llegó a temer por que los caracteres atravesaran la coraza del papel y envenenaran su piel de sílabas y máscaras.
Probó mil sustancias y transmutó cientos de especias hasta que clara, sencilla y perfecta, se le desveló la fórmula. Por primera vez en mucho tiempo, deslizó el pincel a trazo firme y ya le parecía sentir la caricia de su seda henchida entre las flores de almendro.
Pero aquel blanco roto en la carta parecía un rechazo; y el leve perfume, el de otra mujer; y lejos, muy lejos, con el rostro entre las manos, ella aún percibía cómo, junto a la acritud del papel que arde, se iba desvelando un extraño aroma ácido.
Probó mil sustancias y transmutó cientos de especias hasta que clara, sencilla y perfecta, se le desveló la fórmula. Por primera vez en mucho tiempo, deslizó el pincel a trazo firme y ya le parecía sentir la caricia de su seda henchida entre las flores de almendro.
Pero aquel blanco roto en la carta parecía un rechazo; y el leve perfume, el de otra mujer; y lejos, muy lejos, con el rostro entre las manos, ella aún percibía cómo, junto a la acritud del papel que arde, se iba desvelando un extraño aroma ácido.
sábado, 26 de febrero de 2011
domingo, 13 de febrero de 2011
Persevera (Acción cotiana II)
Como una grotesca mano de mortero, aferrarse la cabeza y golpear con ella el suelo, la pared, el marco de la puerta.
No, no se acalla
Se deslizarán garganta abajo los grumos de sal molida.
No, no se acalla
Se deslizarán garganta abajo los grumos de sal molida.
De Instrucciones para una infancia alegre o Nunca desprecies la línea del bajo: Interior.
domingo, 30 de enero de 2011
Ella [altera]
Esa amante con la que engañar a las parejas de improviso estables, equilibrio y hogar,
Girl I want you.
no está hecha para ocasiones.
De amargor [es], éxtasis, [de] canonizaciones estéticas.
Sólo […], por favor.
Las fotografías [memoria, marco, red] de las parejas [sonrisas, otoño, catedrales con suerte] provocan preguntas sin motivos:
cuántas y sobre todo, cuáles de aquellas mitades que juegan a ser amantes en locus amoenus [sin cuchillas, sin sangre, sin frutas prohibidas] habrán renunciado, al menos de palabra, a la literatura.
Con la boca pequeña, también me pregunto si un otoño se repite.
She's not there.
Girl I want you.
no está hecha para ocasiones.
De amargor [es], éxtasis, [de] canonizaciones estéticas.
Sólo […], por favor.
Las fotografías [memoria, marco, red] de las parejas [sonrisas, otoño, catedrales con suerte] provocan preguntas sin motivos:
cuántas y sobre todo, cuáles de aquellas mitades que juegan a ser amantes en locus amoenus [sin cuchillas, sin sangre, sin frutas prohibidas] habrán renunciado, al menos de palabra, a la literatura.
Con la boca pequeña, también me pregunto si un otoño se repite.
She's not there.
lunes, 24 de enero de 2011
Sobre piel
Somos (con frecuencias relativas) lo que dejemos que nos impregnen los otros en la carne dulce, tibia, tierna.
-No sé cómo podías estar tan envenenada.
(enero, 2011).
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| Madrid, octubre 2010. Fotografía: J. J. Martínez Palacín y Leila Amat. |
-No sé cómo podías estar tan envenenada.
(enero, 2011).
sábado, 22 de enero de 2011
Exhalación (II): la violencia en el relato
-¿Qué te parece?
-Que es como hacer gastronomía de vanguardia con la carnaza del telediario. El sabor no está conseguido por los materiales, pero da el pego. Y tus lectores se la van a tragar igual aunque digan que qué duro, que qué pena de niño soldado, qué pena de putita de doce años con ese cerdo gruñéndole encima, etcétera. Que eres el sobrino favorito y lo vas a seguir siendo aunque tus personajes ahora se estrangulen en vez de hacer el amor a la manera de los dioses.
-...
-Es sólo una opinión, no me mires así. Claro, que otra historia sería si, por ejemplo, en vez de esa imagen tan evocadora de la bella y la bestia, les cuentas lo asquerosa que sabía la polla de ese primer tío que la reventó por dentro. Total, a estas alturas, no nos van a dejar sin postre, ¿no?
-Que es como hacer gastronomía de vanguardia con la carnaza del telediario. El sabor no está conseguido por los materiales, pero da el pego. Y tus lectores se la van a tragar igual aunque digan que qué duro, que qué pena de niño soldado, qué pena de putita de doce años con ese cerdo gruñéndole encima, etcétera. Que eres el sobrino favorito y lo vas a seguir siendo aunque tus personajes ahora se estrangulen en vez de hacer el amor a la manera de los dioses.
-...
-Es sólo una opinión, no me mires así. Claro, que otra historia sería si, por ejemplo, en vez de esa imagen tan evocadora de la bella y la bestia, les cuentas lo asquerosa que sabía la polla de ese primer tío que la reventó por dentro. Total, a estas alturas, no nos van a dejar sin postre, ¿no?
jueves, 13 de enero de 2011
Con tacto (II): asperezas
No tengas miedo, tonta. No te escondas, anda. Siéntate aquí. Raspo, ¿eh? Ssshh. Ven aquí. La mano, más suave. Así. Muy bien. Lo estás haciendo estupendamente. Tranquila... muy bien. Pero no llores. Eh, ¿qué pasa ahora? Tranquila, mi niña. Ssshh. Así. Mejor. ¿Ves qué bien?
Ahora sé buena y dame un beso.
Te dejo cerrado. Hasta mañana. Y que duermas bien.
Ahora sé buena y dame un beso.
Te dejo cerrado. Hasta mañana. Y que duermas bien.
martes, 4 de enero de 2011
Creación colectiva y plurales mayestáticos (qué vergüenza)
Cuando ya ha pasado el tiempo suficiente [el tiempo de duelo] para que lo que sea de que queramos hablar esté muerto, enterrado y reseco, ordenamos las acciones en secuencias de actos que [en parte] nos justifiquen: hicimos aquello porque era necesario para que ocurriera esto, etcétera; y está bien, es gratificante saber que todo aquello ocurrió para llegar a donde estamos ahora, que fue necesario convertirse en una noctífaga hija de puta capaz de morder a su propia madre para ahora ir sonriente cada mañana al trabajo.
Tranquiliza pensar que todo tiene una razón a posteriori, que vamos en la dirección correcta hacia un cierre perfecto de anagnórisis en el que reírse de todo esto.
Siempre que todo esto, claro, no venga a ser una estructura circular sin tiempo ni espacio, condenada a repetirse y repetirse y repetirse en una noche que puede palparse en sus coordenadas ciegas. Y entonces, vamos a ver cómo salimos de aquí.
Tranquiliza pensar que todo tiene una razón a posteriori, que vamos en la dirección correcta hacia un cierre perfecto de anagnórisis en el que reírse de todo esto.
Siempre que todo esto, claro, no venga a ser una estructura circular sin tiempo ni espacio, condenada a repetirse y repetirse y repetirse en una noche que puede palparse en sus coordenadas ciegas. Y entonces, vamos a ver cómo salimos de aquí.
lunes, 27 de diciembre de 2010
[Mès] mes [més]
Madrid queda en ornamentos, delitos y frío.
Los arqueros tártaros tienen el sueño de piedra y tensan los labios con asperezas de arena.
[Y sólo la he probado].
Tu mente huele a otoño y te mordía las clavículas y [no] romper un silencio así no tiene perdón. [No me dejes a solas con las tijeras] cruzará el Atlántico, algún día: Barco, a la deriva: a quién me recuerda.
Y la Musa, [co]n solo in(te)[r][ve-(n)]ciones.
[…]
No es. [¿y?]
[Más]caras y llantos de mandrágoras resecas.
Anoche soñé que mi paladar se disolvía y recordé el gusto en la lengua del cristal y del azogue. Porque no soy [no quiero] reflejos ni cristales, sino ese pedazo del espejo del diablo que se te clava en el ojo y te hechiza para que cruces el hielo.
¿Y?
Algún día inventaré un idioma conformado de hilo rojo, de duermevelas y de epifanías.
[Ya no eres más que sombras.]
Los arqueros tártaros tienen el sueño de piedra y tensan los labios con asperezas de arena.
[Y sólo la he probado].
Tu mente huele a otoño y te mordía las clavículas y [no] romper un silencio así no tiene perdón. [No me dejes a solas con las tijeras] cruzará el Atlántico, algún día: Barco, a la deriva: a quién me recuerda.
Y la Musa, [co]n solo in(te)[r][ve-(n)]ciones.
[…]
No es. [¿y?]
[Más]caras y llantos de mandrágoras resecas.
Anoche soñé que mi paladar se disolvía y recordé el gusto en la lengua del cristal y del azogue. Porque no soy [no quiero] reflejos ni cristales, sino ese pedazo del espejo del diablo que se te clava en el ojo y te hechiza para que cruces el hielo.
¿Y?
Algún día inventaré un idioma conformado de hilo rojo, de duermevelas y de epifanías.
[Ya no eres más que sombras.]
viernes, 24 de diciembre de 2010
Poco más que añadir VI
D.AGUSTÍN: (serio, como quien acude a un sepelio) - Parece mentira que todavía tengas ganas de cachondeo. Toda la vida cargando con el peso de otros. (Colocan el pesado baúl encima de la pila) y quién me lo va a tener en cuenta ahora que se ha acabado todo... Total, ¿para qué? Para acabar haciendo inventario de lo que nadie quiso, para acabar haciendo inventario de lo que dejó el tiempo. Toda la vida buscando....
[...]
-Butacas desfondadas..., dos. Marco dorado..., uno. Veremos a ver cómo vamos a salir de todo esto.
Perdonen la tristeza, Eusebio Calonge.
lunes, 6 de diciembre de 2010
Con tacto (I): tersuras
Toque, toque, sin miedo.
Suave, ¿verdad? Piel de una sola pieza. Y qué me dice del acabado.
Ya se lo dije por teléfono: ofrecemos, frente a otros, calidad. Y una artesanía exclusiva. El precio se encarece, claro. Y más ahora, en estos tiempos. Pero créame, merece la pena. Pero tóquela: qué piel. No va a encontrar jamás nada tan suave como esto.
El gran problema, sabe, siempre ha sido la materia prima que es precisamente nuestro sello. No hay apenas proveedores y es muy difícil entrar en el mercado. La gente aún es reacia, está demasiado acostumbrada a lo inmediato, al aquí y ahora, lo sabrá mejor que yo. La crisis estimula, dicen. Cuesta que una idea como ésta tenga éxito. Pero créame, luego ven el resultado y se vuelven locas. Todas van a querer uno.
Imagino lo que va a decirme. Ya lo sé, el proceso es demasiado largo, pero no nos queda más remedio. Intentamos abreviarlo en la medida de lo posible, pero no da el mismo resultado que con los nueve meses estipulados.
Toque, toque. Me juego lo que sea a que no ha tenido nunca nada igual entre sus manos.
¿Qué le parece?
Suave, ¿verdad? Piel de una sola pieza. Y qué me dice del acabado.
Ya se lo dije por teléfono: ofrecemos, frente a otros, calidad. Y una artesanía exclusiva. El precio se encarece, claro. Y más ahora, en estos tiempos. Pero créame, merece la pena. Pero tóquela: qué piel. No va a encontrar jamás nada tan suave como esto.
El gran problema, sabe, siempre ha sido la materia prima que es precisamente nuestro sello. No hay apenas proveedores y es muy difícil entrar en el mercado. La gente aún es reacia, está demasiado acostumbrada a lo inmediato, al aquí y ahora, lo sabrá mejor que yo. La crisis estimula, dicen. Cuesta que una idea como ésta tenga éxito. Pero créame, luego ven el resultado y se vuelven locas. Todas van a querer uno.
Imagino lo que va a decirme. Ya lo sé, el proceso es demasiado largo, pero no nos queda más remedio. Intentamos abreviarlo en la medida de lo posible, pero no da el mismo resultado que con los nueve meses estipulados.
Toque, toque. Me juego lo que sea a que no ha tenido nunca nada igual entre sus manos.
¿Qué le parece?
miércoles, 1 de diciembre de 2010
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Ante todo mucha calma
Después de unos días en los que no he parado de consumir cultura como si no hubiera a haber un mañana tiendo a la angustia existencial barata: y es que me creo en la absurda obligación de reseñar absolutamente todo lo que he visto. Como si fuera a descubrir a alguien un mundo nuevo y luminoso, rodeados como estamos de flamantes mundos tan brillantes como efímeros.
Entonces me imagino una especie de mesa-artefacto como la que se adueñaba del espacio escénico en Las listas de Wallovits, y me imagino como el escritor que no escribe y que desgrana un interminable inventario de eventos, mientras me impulso en una silla de ruedas, o practico asanas, que es más saludable o eso dicen. Ridículo. El resultado, aunque su contenido fuera más o menos interesante y pudiera resultar en principio entretenido, evolucionaría, como sucede tristemente con la experiencia teatral del director argentino, hacia el exceso y la irregularidad rítmica. Y eso que no es por nada pero Shavasana me sale cada vez mejor, me pregunto por qué será.
Resulta que después de casi dos años (cada uno lleva su ritmo, no me miren así) me he dado cuenta de que no hace falta detallar cada paso como si la escritura fuera una legitimación universal. Y es que es simplemente eso. Paladear delirios de pesadilla corsaria como La Maldición de Poe o temblar con un recital que abre Eloy Fernández Porta y ese poema de clímax [suenan Death in Vegas, se erizan las venas: “Las cosas que sueñan las fieras del hielo/ los vagos recuerdos del clon y el robot”], descubrir que los insectos muertos pueden albergar una belleza que asusta; o soñar en el Festival Eñe que eres alguien del mundillo literario aunque a la voz le dé por temblar al acercarse a cualquiera de los escritores que se pasean por allí como si estuvieran en su casa.
Lo que vengo a decir es que no hace falta contarlo todo porque es tan redundante como empieza a ser este post, aparte de aburrido y cuantas etiquetas se le quieran añadir en mayor o menor grado de malicia. Y es que a veces es necesario recordarse que no todo es una lista interminable de eventos que consumir y reseñar cuando aún no han terminado de masticarse y menos de digerirse.
Y no es cuestión de que uno se atragante en la era de la sobreoferta y la sobreinformación (con el tema del conocimiento ya no me meto). La angustia existencial por los inventarios mejor la dejamos para otro siglo. O para el que cobre por ello. Yo ya me conformo con descubrir y sorprenderme de lo que otros crean y muestran al mundo. No olvidemos ese placer, porque es sencillamente único.
Entonces me imagino una especie de mesa-artefacto como la que se adueñaba del espacio escénico en Las listas de Wallovits, y me imagino como el escritor que no escribe y que desgrana un interminable inventario de eventos, mientras me impulso en una silla de ruedas, o practico asanas, que es más saludable o eso dicen. Ridículo. El resultado, aunque su contenido fuera más o menos interesante y pudiera resultar en principio entretenido, evolucionaría, como sucede tristemente con la experiencia teatral del director argentino, hacia el exceso y la irregularidad rítmica. Y eso que no es por nada pero Shavasana me sale cada vez mejor, me pregunto por qué será.
Resulta que después de casi dos años (cada uno lleva su ritmo, no me miren así) me he dado cuenta de que no hace falta detallar cada paso como si la escritura fuera una legitimación universal. Y es que es simplemente eso. Paladear delirios de pesadilla corsaria como La Maldición de Poe o temblar con un recital que abre Eloy Fernández Porta y ese poema de clímax [suenan Death in Vegas, se erizan las venas: “Las cosas que sueñan las fieras del hielo/ los vagos recuerdos del clon y el robot”], descubrir que los insectos muertos pueden albergar una belleza que asusta; o soñar en el Festival Eñe que eres alguien del mundillo literario aunque a la voz le dé por temblar al acercarse a cualquiera de los escritores que se pasean por allí como si estuvieran en su casa.
Lo que vengo a decir es que no hace falta contarlo todo porque es tan redundante como empieza a ser este post, aparte de aburrido y cuantas etiquetas se le quieran añadir en mayor o menor grado de malicia. Y es que a veces es necesario recordarse que no todo es una lista interminable de eventos que consumir y reseñar cuando aún no han terminado de masticarse y menos de digerirse.
Y no es cuestión de que uno se atragante en la era de la sobreoferta y la sobreinformación (con el tema del conocimiento ya no me meto). La angustia existencial por los inventarios mejor la dejamos para otro siglo. O para el que cobre por ello. Yo ya me conformo con descubrir y sorprenderme de lo que otros crean y muestran al mundo. No olvidemos ese placer, porque es sencillamente único.
martes, 16 de noviembre de 2010
Ironías de papel
Publicada en El País, en la sección de Cartas al director, el 15 de febrero de 2010.
El título de la carta es invención del diario.
El título de la carta es invención del diario.
domingo, 14 de noviembre de 2010
No nos engañemos
La imagen [recurrente, preciosista] de esa joven leyendo plegada en el sillón a la luz gris de un mediodía de otoño [por citar un tiempo] que entra por el amplio ventanal asomado a la Gran Vía [por citar un espacio] de lo que hic et nunc es un hormiguero de escritores; y folletos aparatosos y tarjetones desperdigados por la mesa frente a un espresso de promoción servido en vasito de plástico y una silla vacía, puede constituir, y de hecho en un momento constituye [preciosista, recurrida] una de esas múltiples facetas bajo las que se muestra, o se esconde, la desolación.
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