Te dirás niña tonta y arañarás rostro y paredes por haber dejado que ocurriera, por haber dado lugar a lo que llamarás traición, que juras no volver a hacerlo nunca pero sabes que volverías y volverás porque necesitas paliar la soledad de esta espera que poco a poco te corroe por dentro como el mejor de tus filtros de bruja velada.
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martes, 22 de noviembre de 2011
sábado, 26 de febrero de 2011
sábado, 16 de octubre de 2010
Nostos
Ulises, entretenido durante largos años en la ardua tarea de conocerse a sí mismo y engendrar hijos con bellas ninfas, regresó a la isla yerma donde, de haberse quedado, habría muerto de aburrimiento. Era un hombre de acción aunque ya peinara canas; era un héroe resistente a tempestades, y los cantos de sirenas le ofrecían algo no mucho mejor que lo que ya estaba viviendo en su nave rumbo a ninguna parte.
Ulises había regresado a su isla , pero en el palacio en ruinas sólo quedaban perros famélicos y bultos de mendigos.
Dicen que se construyó un barco con la madera de un olivo entero. Que ella misma, noche tras noche, tejió las velas, le dijo la anciana sin levantar la vista de sus rodillas.
El recién llegado, superviviente de tormentas y batallas, el hombre de los mil recursos, se cubrió con las manos, en silencio, el rostro de arrugas y manchas. Pero como en un mal sueño, seguía viendo aquella ausencia de tálamo, y junto a ella, el telar derrotado.
*Publicado en la primera versión del blog el 14 de mayo 2009 ( posteriormente eliminada) y recuperado y leído el 16 de marzo de 2010 junto a poemas de J.J. Martínez Palacín, Aitor Z., Ernesto Filardi y Francisco José Martínez Morán bajo la atenta mirada de una profesora de mitología grecolatina que sonrió después.
Ulises había regresado a su isla , pero en el palacio en ruinas sólo quedaban perros famélicos y bultos de mendigos.
Dicen que se construyó un barco con la madera de un olivo entero. Que ella misma, noche tras noche, tejió las velas, le dijo la anciana sin levantar la vista de sus rodillas.
El recién llegado, superviviente de tormentas y batallas, el hombre de los mil recursos, se cubrió con las manos, en silencio, el rostro de arrugas y manchas. Pero como en un mal sueño, seguía viendo aquella ausencia de tálamo, y junto a ella, el telar derrotado.
*Publicado en la primera versión del blog el 14 de mayo 2009 ( posteriormente eliminada) y recuperado y leído el 16 de marzo de 2010 junto a poemas de J.J. Martínez Palacín, Aitor Z., Ernesto Filardi y Francisco José Martínez Morán bajo la atenta mirada de una profesora de mitología grecolatina que sonrió después.
domingo, 10 de octubre de 2010
Después de tantos años
(Dos ancianos con aspecto de mendigos conversan, sentados a una mesa como de refectorio o de comedor social apolillado, envueltos en capas de lana. Casi puede olerse el invierno, vino pobre y humo frío. De vez en cuando se frotan las rodillas, como echando en falta una muchacha sobre ellas).
T.: -Y tampoco han ido mal las cosas.
J. : -Como que te lo pusieron fácil. Si siempre te han salvado el culo, T, coño.
T. -Habló el héroe solitario. Además, no te creas (sirve más vino en la copa de J., que bebe. Pausa.). La idea de la chiquita aquella fue la leche, no te lo discuto. A mí no se me habría ocurrido.
J.-Si te hubieras pasado media vida bordando tu ajuar como ella.
T.- No me mires así. Se empeñó ella y luego me lo dejó a huevo. Además, ahora tampoco puede quejarse. Casi le va mejor que a mí, ¿o no?
J.-No, si yo no digo nada.
T.-Como para que abras tú la boca.
J.-Y lo de tu padre.
T.- Eh, que yo iba a hablar con él. Solito se vino abajo.
J.-Pues eso. Que al final no sé cómo, pero siempre alguien te salva el culo. (Pausa.) Aunque la última vez sólo pudieran salvarte medio.
(Risa seca, bronca, desesperada)
T.-Eres un hijo de puta.
J.-Sólo medio... (sigue riéndose)
T.-Viejo imbécil.
(T. sale. J. apura el vaso, sus risas broncas se van confundiendo con toses. Oscuro).
miércoles, 18 de agosto de 2010
Ginebra
Lanzarote cruzó el puente de la Espada y se dio cuenta de que no era para tanto. Después de echarse yodo en los rasguños, pudo ver que de tanto soñar con Ginebra había gastado su rostro y ahora la belleza no estaba ni en el barniz de su cuello ni en la sombra de sus ojos; Ginebra se diluía en líquido turbio de sus noches a solas y Lanzarote le arrojó a la cara uno de esos manojos de pelos que la muy guarra siempre dejaba prendidos en el cepillo. Ella frunció el ceño y le gritó, pero a él ya no le importaba. Se largó, sin caballo, solo y olvidado, a lo lejos aún se oían sus gritos de borracha y a él, a Lanzarote, seguía manándole poco a poco la sangre de las heridas.
*Publicado en la primera versión del blog en 2009 (que fue posteriormente eliminada) y recuperado y leído el pasado 16 de marzo junto a poemas de J.J. Martínez Palacín, Aitor Z., Ernesto Filardi y Francisco José Martínez Morán. Intrusismo de prosistas, que dicen por ahí.
*Publicado en la primera versión del blog en 2009 (que fue posteriormente eliminada) y recuperado y leído el pasado 16 de marzo junto a poemas de J.J. Martínez Palacín, Aitor Z., Ernesto Filardi y Francisco José Martínez Morán. Intrusismo de prosistas, que dicen por ahí.
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