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sábado, 22 de enero de 2011

Exhalación (II): la violencia en el relato

-¿Qué te parece?

-Que es como hacer gastronomía de vanguardia con la carnaza del telediario. El sabor no está conseguido por los materiales, pero da el pego. Y tus lectores se la van a tragar igual aunque digan que qué duro, que qué pena de niño soldado, qué pena de putita de doce años con ese cerdo gruñéndole encima, etcétera. Que eres el sobrino favorito y lo vas a seguir siendo aunque tus personajes ahora se estrangulen en vez de hacer el amor a la manera de los dioses.

-...

-Es sólo una opinión, no me mires así. Claro, que otra historia sería si, por ejemplo, en vez de esa imagen tan evocadora de la bella y la bestia, les cuentas lo asquerosa que sabía la polla de ese primer tío que la reventó por dentro. Total, a estas alturas, no nos van a dejar sin postre, ¿no?

lunes, 19 de julio de 2010

Exhalación

-Bueno, no me has dicho qué te parece.

-¿Con sinceridad?

-Toda la que no te dejan.

-Pues una puta mierda. Incoherente. Inverosímil. Manda el pacto de ficción a donde yo te diga. A los personajes se les ve venir desde la primera frase. El argumento lo he visto cien veces y leído otras cien. La trama no se sostiene y las situaciones son ridículas o dan pena, o todo a la vez, no sé.

-Ya. Qué quieres.

-Bueno, venga, que me disperso. Vamos a comentar el texto y ya dejamos la vida para otro rato.

domingo, 31 de enero de 2010

Inspiración (I)

-Hostal Proust, Pistas creativas. Le atiende Sara, dígame.

-Buenas noches, Sara. Soy Doxa Grey., de la clase de Cuento I: de la idea al papel. Perdón por las horas.

-La inspiración es caprichosa, Doxa.

-Estoy atascada con el ejercicio de esta semana, el de estilo propio, ¿lo tiene ahí?

-Sí, sí, aquí está. “Cuento original de extensión variable de una a dos caras, de ambiente urbano”. ¿Se resiste alguna idea en particular?

-Mire, es que me aburro. Ya he contado todos los encuentros en el metro, el tren y el puto búho, todas las palizas a niños y a mujeres, todas las borracheras lisérgicas, todas las niñerías perversas y las escenitas de parejas bohemias besándose lágrimas bajo la lluvia.

-Entiendo.

-Pues eso. Nos piden originalidad ante todo, pero es que no hay forma. Creo que estoy saturada de originalidad, no sé si me explico. A veces tengo la sensación de que no hay nadie normal.

-¿Y qué tal los gatos?

-Eh... bien, supongo... ¿qué?

-Un cuento sobre un gato pero como si fuera una persona, ambiguo, sin decir que es un gato hasta el final, un golpe de efecto que deje al lector diciendo “hala, claro...”

-Señorita.

-¿Sí?

Colgué para no decirle que me gustaría meterle una magdalena por la garganta. Taché un nombre de mi lista. Empezamos bien. Un puto gato. No estaría mal si no fuera porque había escrito hojas y hojas de movimientos sinuosos, ronroneos y maullidos. Como vuelva a leer otro símil de la mujer que se despereza tras hacer el amor como un elegante felino, mato.
El siguiente en la lista era No somos frikis, venimos de Orión: relato de ciencia- ficción. No sabía si me atrevería, pero siempre sería mejor que uno de creación poética. O no.