Mostrando entradas con la etiqueta narrativa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta narrativa. Mostrar todas las entradas
lunes, 9 de enero de 2012
Dermáptera doméstica
Papá mamá no fui yo fueron ellas. Por qué no vinisteis antes cuando me dejasteis sola y tranquila recortando los adornos sonreía y vosotros hacía tiempo que no me veíais sonreír y por eso os fuisteis tranquilos y felices a comprar la cena y los regalos al centro comercial y yo no quería ir porque la gente me mira y me agobia y hay luces y ruidos y gente muy fea que huele mal a comida y a perfume que marea y todos llenan los carros y gritan como si mañana se fuera a acabar el mundo aunque a lo mejor se acaba y de pronto todos nos ponemos enfermos de tanto comer y comer y nos salen manchas por todo el cuerpo y olemos peor que ahora peor que toda esa gente que toda esa comida y yo no quería que os fuerais porque tengo miedo de que llegue algo así y yo esté sola y no hay comida ni agua ni luces ni musiquilla ni gente aunque sea fea y huele mal y grita es gente y yo solo quería que vinierais ya ya de una vez pero tardabais tanto y yo cortaba y cortaba pedacitos de papel a solas con ellas como siempre como cuando os dije que os fuerais tranquilos pero ya no quedaba papel de colores y a lo mejor mañana ya les salen manchitas rojas pero ahora mirad qué bonitos a que son bonitos hay que esperar a que sequen y todo gracias a ellas.
martes, 7 de junio de 2011
Nudo de cuerdas (provisional)
Albergamos un miedo tan atroz a sentir que perdimos nuestro tiempo que enseguida buscamos a alguien que nos lo ocupe, a alguien en quien derogar la culpa que, a posteriori, nos embargará por haber dejado que ocurriera.
Y consagramos la vida a esa tarea de búsqueda que se detiene con alivio a cada mirada de asentimiento, de condescendencia, de interés, que convierte el juego en un presagio de descanso incierto en nuestra vida y en ese tiempo abismal que nos aterra.
domingo, 24 de abril de 2011
Nieva
Hace tanto frío que la cremallera del bolsillo me muerde la piel, y la leche del desayuno ya no calienta la garganta, pero no hace falta hablar, sólo seguir amontonando nieve y terminar el muñeco que estamos haciendo.
Qué ilusión, hermanito, la nieve, qué contento y qué ilusión te hizo cuando te desperté hoy y te dije ssshhh ya verás y te puse la leche en el tazón del desayuno con la mano metida en el bolsillo, bebe la leche hermanito que vamos a jugar con la nieve, ya verás qué sorpresa damos a todos, y cómo callabas con los ojos bien abiertos, por una vez cómo callabas, tú que siempre hablas de más y siempre gritas con esa vocecilla ruidosa todo lo que hago aunque te diga ssshhh pero hoy dije ssshhh y como era nieve recién caída, cuajada, blanca, la nieve que te prometí, te acuerdas, callaste y sigues callado cuando la nieve te rodea, con los ojos cerrados y escarcha de leche helada en las comisuras de los labios, la nieve me irrita la piel pero tengo que acabar antes de que despierten todos y te busquen, pero aún no ha amanecido y aún queda tiempo y aún siguen cayendo esos copos lentos.
sábado, 9 de abril de 2011
Poco más que añadir VII
Algunos países actúan como una droga. Es el caso de China, que tiene el sorprendente poder de convertir en pretenciosos a todos aquellos que han estado allí, incluso a todos aquellos que hablan de ella.
La pretensión induce a escribir. De ahí la ingente cantidad de libros sobre China. […].
Nada permite tanto dárselas de algo como decir “Acabo de llegar de China”. Y todavía hoy, cuando intuyo que alguien no me admira lo suficiente, recurro a un “cuando vivía en Pekín”, pronunciado como quien no quiere la cosa y en un tono de voz indiferente.”
[…]
El esnobismo no es la única explicación. El elemento fantástico es tremendo e irresistible. Cualquier viajero que desembarcase en China sin una buena dosis de fantasías Chinas, no vería más que una pesadilla.
[…]
Por supuesto, estaba la Ciudad Prohibida, el Templo del Cielo, la Colina Perfumada, la Gran Muralla, los sepulcros Ming. Pero eso era para los domingos.
El resto de la semana estaban la inmundicia, la desesperación, la corriente de hormigón, el gueto, la vigilancia, disciplinas en las que los chinos sobresalen.
Ningún país deslumbra hasta tal punto: las personas que lo abandonan se refieren a las maravillas que han visto. Pese a su buena fe, no suelen mencionar una fealdad tentacular que no ha podido pasarles por alto. Se trata de un fenómeno extraño. China es como una hábil cortesana que consiguiera hacer olvidar sus innumerables imperfecciones físicas sin siquiera disimularlas, y que inspirase una admiración incondicional entre todos sus amantes.
El sabotaje amoroso, Amélie Nothomb
Suscribirse a:
Entradas (Atom)