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domingo, 18 de marzo de 2012

Scriptorium

Les eligieron a ellos para que fuesen los mejores; fuertes, hermosos, despiertos. Y  habitaron largos años las altas torres de marfil. Aprendieron las obras, las fechas, las letras, las lenguas extrañas; cerrados con llave por dentro y sin más música que sus murmullos.
Sus bocas se entreabrían ávidas para captar cada matiz de acento, la punta de la lengua les sabía a aire parado y mientras curvaban los labios a cada trazo de pluma retaban a sus ojos a robar trozos de luz. 
Cuando pasó el tiempo y abrieron la puerta al mundo de las promesas, ya no había más que ruinas destripadas que rugían de hambre y de miedo.
Ellos, casi ciegos, se encogieron de hombros. Débil paso a débil paso, volvieron, deformes y encorvados, a sus torres. Ya no cerraron con llave. No quedaba en la tierra un solo diente que pudiera roer el marfil de los cimientos.
El aire seguía conservando aquel sabor estancado.

lunes, 9 de enero de 2012

Dermáptera doméstica

Papá mamá no fui yo fueron ellas. Por qué no vinisteis antes cuando me dejasteis sola y tranquila recortando los adornos sonreía y vosotros hacía tiempo que no me veíais sonreír y por eso os fuisteis tranquilos y felices a comprar la cena y los regalos al centro comercial y yo no quería ir porque la gente me mira y me agobia y hay luces y ruidos y gente muy fea que huele mal a comida y a perfume que marea y todos llenan los carros y gritan como si mañana se fuera a acabar el mundo aunque a lo mejor se acaba y de pronto todos nos ponemos enfermos de tanto comer y comer y nos salen manchas por todo el cuerpo y olemos peor que ahora peor que toda esa gente que toda esa comida y yo no quería que os fuerais porque tengo miedo de que llegue algo así y yo esté sola y no hay comida ni agua ni luces ni musiquilla ni gente aunque sea fea y huele mal y grita es gente y yo solo quería que vinierais ya ya de una vez pero tardabais tanto y yo cortaba y cortaba pedacitos de papel a solas con ellas como siempre como cuando os dije que os fuerais tranquilos pero ya no quedaba papel de colores y a lo mejor mañana ya les salen manchitas rojas pero ahora mirad qué bonitos a que son bonitos hay que esperar a que sequen y todo gracias a ellas.

domingo, 24 de abril de 2011

Nieva

Hace tanto frío que la cremallera del bolsillo me muerde la piel, y la leche del desayuno ya no calienta la garganta, pero no hace falta hablar, sólo seguir amontonando nieve y terminar el muñeco que estamos haciendo.
Qué ilusión, hermanito, la nieve, qué contento y qué ilusión te hizo cuando te desperté hoy y te dije ssshhh ya verás y te puse la leche en el tazón del desayuno con la mano metida en el bolsillo, bebe la leche hermanito que vamos a jugar con la nieve, ya verás qué sorpresa damos a todos, y cómo callabas con los ojos bien abiertos, por una vez cómo callabas, tú que siempre hablas de más y siempre gritas con esa vocecilla ruidosa todo lo que hago aunque te diga ssshhh pero hoy dije ssshhh y como era nieve recién caída, cuajada, blanca, la nieve que te prometí, te acuerdas, callaste y sigues callado cuando la nieve te rodea, con los ojos cerrados y escarcha de leche helada en las comisuras de los labios, la nieve me irrita la piel pero tengo que acabar antes de que despierten todos y te busquen, pero aún no ha amanecido y aún queda tiempo y aún siguen cayendo esos copos lentos.

sábado, 22 de enero de 2011

Exhalación (II): la violencia en el relato

-¿Qué te parece?

-Que es como hacer gastronomía de vanguardia con la carnaza del telediario. El sabor no está conseguido por los materiales, pero da el pego. Y tus lectores se la van a tragar igual aunque digan que qué duro, que qué pena de niño soldado, qué pena de putita de doce años con ese cerdo gruñéndole encima, etcétera. Que eres el sobrino favorito y lo vas a seguir siendo aunque tus personajes ahora se estrangulen en vez de hacer el amor a la manera de los dioses.

-...

-Es sólo una opinión, no me mires así. Claro, que otra historia sería si, por ejemplo, en vez de esa imagen tan evocadora de la bella y la bestia, les cuentas lo asquerosa que sabía la polla de ese primer tío que la reventó por dentro. Total, a estas alturas, no nos van a dejar sin postre, ¿no?

domingo, 10 de octubre de 2010

Después de tantos años

  (Dos ancianos con aspecto de mendigos conversan, sentados a una mesa como de refectorio o de comedor social apolillado, envueltos en capas de lana. Casi puede olerse el invierno, vino pobre y humo frío. De vez en cuando se frotan las rodillas, como echando en falta una muchacha sobre ellas).
T.: -Y tampoco han ido mal las cosas.
J. : -Como que te lo pusieron fácil. Si siempre te han salvado el culo, T, coño.
T. -Habló el héroe solitario. Además, no te creas (sirve más vino en la copa de J., que bebe. Pausa.). La idea de la chiquita aquella fue la leche, no te lo discuto. A mí no se me habría ocurrido.
J.-Si te hubieras pasado media vida bordando tu ajuar como ella.
T.- No me mires así. Se empeñó ella y luego me lo dejó a huevo. Además, ahora tampoco puede quejarse. Casi le va mejor que a mí, ¿o no?
J.-No, si yo no digo nada.
T.-Como para que abras tú la boca. 
J.-Y lo de tu padre. 
T.- Eh, que yo iba a hablar con él. Solito se vino abajo. 
J.-Pues eso. Que al final no sé cómo, pero siempre alguien te salva el culo. (Pausa.) Aunque la última vez sólo pudieran salvarte medio. 
(Risa seca, bronca, desesperada) 
T.-Eres un hijo de puta.  
J.-Sólo medio... (sigue riéndose)
T.-Viejo imbécil.
(T. sale. J. apura el vaso, sus risas broncas se van confundiendo con toses. Oscuro). 

lunes, 4 de octubre de 2010

Inspiración (III): consulta online

4:51

De: doxa.grey@gmail.com
Para: dudas@hostalproust.es
Asunto: Blog

Hola,

Soy una alumna del taller Tardes lluviosas: el blog introspectivo, y dado que no he podido asistir a la primera clase, me han surgido algunas dudas con respecto a la creación del blog personal que se propone como proyecto. Ya he creado el dominio y lo estoy diseñando, pero no sé muy bien si acompañarlo de fotografías y música resultaría excesivo para el tipo de literatura que voy a ofrecer allí. Asimismo, me gustaría saber qué colores y qué tipo de letra son los más apropiados. Muchas gracias,
Doxa Grey.
P.D.: El enlace es: http://lluviaeneldesvan.blogspot.com/


9:25
De: Sara Hostal Proust para usuario.
Asunto: Re: Blog

Estimada Doxa Grey.,

Respecto a tu consulta, me parece muy interesante, puesto que se trata de algo muy personal y estamos encantados de atenderte.
Antes que nada decirte que el título que has elegido es muy evocador: te felicito por ello. En cuanto a los colores, un negro de fondo ayuda a destacar el texto además de darle un aire más melancólico, más introspectivo. Las fotografías en blanco y negro, o en tonos sepia, son una buena opción. Podrías incluir, si tienes experiencias como modelo, algún retrato tuyo; aunque también algo de Robert Doisneau o de Henri Cartier-Bresson quedaría perfecto para lo que quieres transmitir.

La música de ambiente le da un tono agradable a la lectura y ayuda al lector a identificarse con el que escribe. Escoge una canción que no te importe repetir una y otra vez. La decisión es algo muy personal, pero Yann Tiersen o el jazz suave son buenas opciones.

Puedes consultar el capítulo dedicado a los blogs en nuestro manual Novelas y noveles sin fecha de caducidad (Hostal Proust Ediciones, 2008),  del que muy pronto presentaremos su segunda edición. Para otras dudas puntuales, puedes usar el correo electrónico o la consulta telefónica (de 9:00 a 21:00) y estaremos encantados de atenderte.  Saludos,
Sara B.

jueves, 5 de agosto de 2010

Poco más que añadir II

“Lo mejor de escribir no es sólo la tarea en sí de colocar palabra tras palabra, ladrillo sobre ladrillo, sino los preliminares, los trabajos preparatorios, que se hacen en silencio, en cualquier circunstancia, en sueños igual que en vela.”


Henry Miller, Sexus.

lunes, 2 de agosto de 2010

Sobre las referencias literarias (Inspiración III)

Toda obra literaria apreciada por la crítica de un autor semidesconocido, (especialmente, de narrativa; especialmente de novela), y mucho más si está muerto o si le rodea un aura de malditismo ya por las circunstancias de su muerte o por las de su vida o las de las personas que le rodearon, es susceptible de ser adoptado como referente. [...]Por tanto, el novel habrá de conocerle e idolatrarle, pero no sólo en el momento de la apreciación de la crítica sino antes, mucho antes, cuando dicho autor era casi un desconocido despreciado. La expresión casi desconocido deberá aparecer en las conversaciones sobre literatura al menos cuatro veces cuando dicho autor salga a relucir*, y el novel se autoafirmará como defensor acérrimo de éste.”


*menospreciado, infravalorado, incluso minusvalorado, son adjetivos a tener en cuenta.



Novelas (y noveles) sin fecha de caducidad: Capítulo 6: Si no puedes con el mainstream únete a él, Hostal Proust Ediciones, 2008.



miércoles, 28 de julio de 2010

Bifurcatio

Quiso saber dónde había estado todo ese tiempo.

En un laberinto, le dije.

No me creyó.

Por eso le mostré entonces la noble cabeza de Asterión. Le mostré las flores de crisantemo y las paredes de marfil, el tomo onceno de la enciclopedia de Tlön y la máscara de oro y las huellas del pórfido rojo en mi piel. Le mostré los reflejos cambiantes, enlacé mi aliento con el de una bestia e hice cada pausa un enigma infinito.

Y vi, en el transcurso de segundos que dilataban en horas, cómo palidecía lentamente, cómo la sangre abandonaba hasta sus labios y cómo sus ojos reflejaban, asustados, inciertos, el universo inacabable de los míos. Creo, incluso, que le oí gritar.

Se fue mascullando, solo, no sé qué de descansar y de aire fresco. Supe entonces que le había convencido, pero no pude alegrarme.

Ahora me pregunto si sabrá salir.


miércoles, 14 de julio de 2010

Poco más que añadir I

“Todos tenemos un momento, nuestro momento, ese momento en que la flor se abre y todo cobra sentido, y después se va, y ya está, es como una chispa, lo pillaste, lo cogiste al vuelo, o no, ésa era tu elección, y luego ya no te queda más que esperar a morirte, como una imbécil

Blanca Riestra, La noche sucks.

lunes, 12 de julio de 2010

Los cursos de verano y los actos subversivos

A lo mejor soy yo, que cada vez me vuelvo más quisquillosa. O si simplemente exijo demasiado, aunque por otra parte es lo que toca con la insolencia de los veintiún años. Pero no me gusta que me tomen el pelo. Y me parece que, tres años después, el nivel de cierto curso de verano de literatura ha ido bajando paulatinamente hasta el de club de lectura de señoras, con sus pastitas de té y sus cinco clases de azúcar.

Que conste que no tengo nada en contra de los clubes de lectoras y lectores, más que nada porque soy una adicta al café en buena compañía y un abanico de autores mientras se intercalan fragmentos de vida que en la ficción resulta más fácil afrontar. Pero no pago como he pagado por un ciclo de conferencias presuntamente impartido por presuntos expertos en literatura, supuestamente concebido para profundizar en la materia para los cuatro que nos interesamos y que, de paso, nos enfrentamos como pavos reales (Nocilla sí, Nocilla no) en la cafetería: he apuntado más nombres en esos ratos de descanso que durante las ponencias.

Y repito que no sé si soy yo que me estoy volviendo una repelente o si siempre lo he sido y últimamente lo estoy demostrando más que de costumbre. Pero ya resulta sospechoso que en un curso sobre literatura contemporánea se vuelva a los mismos de siempre como si no hubiera otros, como si no hubiera más, como si después de Machado, Miguel Hernández y Salinas se hubiera acabado la literatura.

No voy a hablar del resto de los ponentes, porque son conocidos y a muchos les hará gracia que uno de ellos se sobara con la boca abierta en la tarima mientras su mejor amigo hablaba (bastante bien, por cierto; de los mejores, por cierto) de Lezama Lima y los fragmentos más calientes de Paradiso.

Tampoco voy a extenderme en la mención de una conferencia que consistió en el comentario de una lista de las novedades de Anagrama, Alfaguara y Seix Barral, de la que se procedió a tachar los best-seller cursis y los papeluchos sin interés y a subrayar las novelas que molan. Que la conferencia versara sobre última narrativa supuso el único momento en que a alguien le importaron un carajo los títulos.

El caso es que, como prefiero la soberbia a la complacencia, terminé saliendo de la sala. Y no fui la única.

No voy a decir ahora por qué. Más que nada, porque uno de los organizadores del curso nos pidió que redactásemos una crítica personal y sincera de cada conferencia. Algo me dice que me voy a divertir. Que a fin de cuentas, de eso se trata. Juguemos a que nos ardan las yemas de los dedos, que estamos en la edad y pocas veces se nos nota por ese empeño inútil de ascender al Parnaso de esos académicos que creen que ahora no hay literatura.

miércoles, 7 de julio de 2010

Juegos de niños


Seguramente no recuerdes todas las veces que bajaste al parque a jugar cuando eras un crío y los dias eran una línea continua de la que no te dejaban salirte ni cuando coloreabas. Pero a lo mejor recuerdas aquella noche de verano que nadaste desnudo en la piscina. O aquel día que casi te dejas media boca en el tobogán. O seguramente te recuerdes apretando los dientes en un estoico esfuerzo por aguantar el dolor ante la sangre chillona de la grava y el cemento.
Somos en gran medida lo que leímos de niños, y con esas lecturas, funcionamos más o menos así. Empecé a leer por imitatio y por acicate; y no soy capaz de recordar todos los libros, más o menos edulcorados, que serían mi base y que hoy son una parte de mi memoria.
Uno va creciendo, a veces incluso madura. Y cuando hablas con la gente, sobre todo si salen a relucir tus aficiones (“yo es que de pequeño leía mucho, pero.”), te das cuenta cuántos no pasaron de aquel parque.
Juegas. Lees. Tranquilo, feliz, despreocupado. Crees que las cosas seguirán así siempre, poco a poco y sin que te percates del todo, vas dejando de ir al parque. Pero estarán siempre aquellos días de goce, de miedo, de fascinación con algo o con alguien, de sorpresa, de enfado ciego y rabioso, de pena honda y de algo que más tarde llamarás melancolía. Y con cicatrices viejas en las rodillas y con una especial habilidad para poner las manos como escudo al perder el equilibrio, te vas; y no lo sabes aún pero si algún día vuelves, todo será irremediablemente más pequeño.
Y palpitan las lecturas como permanecen cálidos y vivos el día de la gran pelea o el día que coronaste el castillo de cuerdas al que daba tanto miedo subir. Y viste todo desde lo alto y te pareció fácil. Quizá, demasiado fácil.
Escribo por una época en que los referentes de nuestros padres, aquellos libros de aventuras de Stevenson, Verne o Salgari, ya estaban sacralizados como clásicos y el mercado editorial se daba cuenta de que podía manejarnos en un terreno seguro, atractivo, excluyente. Acotó los parques con vallas de colores y nos presentaron colecciones de títulos meditados que en su mayoría no volveríamos a mirar.
Pero yo sigo recordando Las brujas de Roald Dahl como una de las historias más deliciosas y perversas de mi niñez. Me acuerdo de la hija adolescente de La extraña familia Mennym colocándose unas gafas de sol sobre la piel de trapo para que nadie apreciara sus ojos de botón. Me acuerdo de Coraline atravesando el túnel, de Alicia cayendo por la madriguera (y de la forma tan distinta que tuvo de caer muchos años después), de Blanca y Aglaia y su día a día en lo alto de un árbol, de Rudiger y de Anna la Valiente y de Atreyu escuchando la voz de Uyulala y de todos los líos de dioses de mitologías remotas donde siempre moría alguien, y las punzadas de placer perverso de los cuentos tradicionales antes de que los amordazaran con confitura de cerezas. Y los mutantes de cómic que me daban ganas de poner los ojos en blanco y desatar una tormenta. Y también ella, AeShaettr, Lyra Lenguadeplata, dispuesta a fundar la República del Cielo y de paso, la leyenda de una heroína atípica y fiera como un gato montés. Y Harry Potter descubriendo aquel colegio donde yo hubiera dado un dedo por que me admitieran.
Porque sí, jugamos al nivel de lo sesudo y el mayor laberinto lingüístico nos parece un reto más placentero cuanto más intrincado. Pero parte de la culpa la tiene B.B.B., por robar aquel libro y habernos mantenido con los ojos enrojecidos durante más tiempo del que podíamos contar, y fuera caía la tarde pero, dentro, Perelín, la selva nocturna, germinaba. Y no lo sabíamos pero ya no había remedio posible.
Por mi parte, sólo puedo agradecerlo.

domingo, 6 de junio de 2010

Late aún

Fue ella la que ordenó que lo arrancaran.

Allí estará, lo sé, colgado de un gancho sobre el tálamo. Él no quería hacerlo. Incluso pasó por su cabeza la idea de usar el de un cervato. Por eso, preferí hacerlo yo. Aquella mañana de invierno en que nos encontramos, su ballesta frente a mi cuerpo frío casi desnudo en la nieve, le sonreí. Yo me abrí el pecho , horadé mi carne, sentí los regueros de sangre empapando mis harapos y removí las venas con las uñas para terminar arrancando la víscera como quien recoge fruta preciada de unas zarzas. Se lo tendí a aquel hombretón paralizado y parecía que era la primera vez que lo veía, tan cerca. Lo sostuve mucho tiempo, aprisionando el latido con el cepo de mis dedos, mientras resbalaban las gotas de sangre y abrían cráteres tibios en la nieve, hasta que se decidiera a abrir la zamarra. Me di la vuelta y me alejé renqueante, al bosque donde vivo y donde espero.

Desde que el cazador llegase al galope al castillo, sé que ella lo estará manteniendo allí, como un presagio, sobre la cama.

Y sé que está muerta de miedo. Porque sabe que sigo viva. Y es que día tras día se lo recuerdan las gotas de sangre que a cada latido se vierten sobre la almohada, sin dejarle un instante de descanso. Y yo no tengo ninguna prisa.

jueves, 29 de abril de 2010

Elijo por título

El otro día me terminé esa novela con la que volví locos a los libreros cuando, movida por la curiosidad de los títulos raros, me dediqué a su búsqueda hasta que las caras de estupor me hicieron desistir.

Hace varias semanas la encontré, cómo no, en Anagrama (parece que me pagan por hacerles publicidad, aunque no la necesiten). Es una novela, una novelita escrita a cuatro manos por los que entonces eran unos don nadies que dejaban pasar la vida entre farras, barcos que nunca alcanzaban a zarpar y botellas robadas de Canadian Club. Entonces uno de los colegas con los que se juntan, un casi adolescente rimbaudiano, se carga a otro y se lo cuenta.

Y en clave de ficción los dos don nadies se pusieron a escribir un poco como quien juega Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques.

No la elegí precisamente por calidad literaria, aunque le sobre. Y la he disfrutado porque fue escrita por dos amigos que no se habían comido aún un rosco en el terreno literario, por dos jovenzuelos que veían pasar la vida muy deprisa cuando se despertaban con resaca de alcohol y de morfina y demasiado tarde para embarcarse; y que me recuerda en ocasiones a ese procrastinar eterno de una generación que no va a llamarse de ninguna forma y que parece abocada a la abulia y la rutina.

Sólo que hoy, algo como Y los hipopótamos... no puede darse, porque nadie se guarda, durante tantos años, un escrito así, aunque no tenga la mitad de literatura que este híbrido capitulado a cuatro manos donde Tennison y Ryko son los disfraces de los encumbrados niños de papá, esos Kerouac y Burroughs antes de que escribieran cualquier otra cosa, antes de que sus otros personajes, el viajero y el yonqui, les sustituyeran en los libros de literatura y en la crítica cultural.

sábado, 24 de abril de 2010

Hoy también se puede leer

No sé muy bien si lo del Día del Libro es una celebración o una reivindicación, y más con la que está cayendo en el mercado editorial aunque luego haya según qué productos que funcionan tan sumamente bien. Pero no me voy a meter con los best-sellers que añaden volumen a la carne de Metro, porque tienen su función y la cumplen perfectamente, sobre todo la de ser objeto de críticas y de condescendencias en las reuniones de proyectos de intelectuales venidos a más.

Sin que tenga mucho que ver, entregaron el premio Cervantes, del cual en el ambigú celebrado anoche habían leído algo suyo dos o tres personas y probablemente el año que viene, tristemente, nadie se acordará del poeta mexicano. Pero para eso estaban los amigos, los actores y los poetas para leerle (a él, al premio Cervantes del año anterior, a otros muchos) y ocuparse de horadar esa huella que dejan las experiencias literarias intensas y que hacen que recuerdes esa novela, ese capítulo, ese poema, con una sonrisa agridulce o una mirada perdida entre nubes de ficciones.

En fin, que esto es una entrada, sobre todo, autocomplaciente, y es que la carne es débil y ya echaba en falta poner de cara a la galería lo negro sobre blanco que voy masticando a lo largo de los meses. Puedo ir cambiando de referencias y de registros a la hora de hablar de esto, pero al final siempre me quedaré con unos pocos libros y la sensación tan extraña de anagnórisis que dejan cuando los vas avanzando.

Ahora vendría la parte de los agradecimientos a escritores que no van a leer esto en la vida y que solamente serviría para mostrar al mundo una lista de lecturas muy semejante a la del supermercado, así que prefiero dirigirme al que me recomendó hace ya tanto El almuerzo desnudo, al que me habló de Bolaño por primera vez, al que me dijo que Neuromancer era una novela increíble, al que me mencionó a Amis y a Hornby, a quien metió a Houellebecq en alguna conversación, al que me redescubrió a Welsh o a quien coló a Adrian Tomine en una mañana de sueño. Entre muchos otros. Gracias a todos, por la parte que os toca.

Estamos a 24, y será que no me la merezco, porque todavía no me han regalado ni una rosa. Eso sí, yo ya me he apuntado un par de títulos para regalarme a mí misma. Y es que leer es un placer onanista poco comparable a nada. Disfruten.

domingo, 11 de abril de 2010

Por qué me gusta la Nocilla y el café aguado

Ahora mismo debería estar reescribiendo un trabajo sobre la poesía postpoética de Agustín Fernández Mallo pero como para variar, estoy dispersa, me ha dado por pensar no en la cantidad de textos que tengo que ordenar y dotar de forma sino en las causas de que lo eligiera a él, el mutante, el nocillero, y no a otro de los que recoge la antología de poesía española reciente como Roger Wolfe, Ana Rosetti o Julio Martínez Mesanza (quisiera estar del lado de los otros, estremece un verso suyo, y reconozco que aunque no me guste o incluso y dependiendo del momento del día deteste la poesía española reciente, hay cosas que me llegan a eso que llaman el alma).

Fernández Mallo no parece tener que ver con nada de todo esto, sus versos (que son líneas) a veces son cualquier cosa menos versos, pero me llegan mucho más que cualquier perseguir ojos y cintura de un neorromántico, un sensista o un fanático del haiku. Sin embargo, cuando leo “Ahora yo ya sólo aspiro a las enumeraciones” en Carne de Píxel, me dan ganas de devorar toda la información o la informatina que reside en las páginas híbridas, mutantes, de ese poemario que es también teoría astrofísica.

Reconozco que al principio, cuando con esos experimentos de Profesor Bacterio (el calificativo tampoco es mío) consiguió colarse de lleno en el panorama literario y apropiarse de entrevistas y portadas de suplementos culturales, le tomé hasta manía. Después leí Nocilla Dream. Y podría hablar mucho de ella, pero bastante coñazo doy, en general, con lo que leo, además es probable que dentro de unos años o de unos meses reniegue de todo esto cuando vuelva a cambiarme las referencias. De momento, eso sí, prefiero Nocilla Experience, no sabría decir por qué, quizá porque no me cansa como el monólogo eterno de la primera parte de Nocilla Lab y porque me parece que culmina lo que apunta en Nocilla Dream: ese producto imposible que, como la Coca-Cola, sólo se parece a sí mismo. O algo así.

Habrá quien no le soporte, quien vea un bluff, quien no trague a este gallego que parece alimentarse de café solo y Lucky Strike, que habla con voz pausada de fractales, de chicles pintados en las aceras o del azar del parchís que rige este mundo. Lo que sí es para mí indiscutible es que, en la era Wikipedia y Twitter, nos falta conocimiento pero nos sobra información. Ahí está, más o menos trivial, más o menos manipulada, a nuestro alcance, como en las estanterías de un supermercado, para que hagamos con ella lo que nos plazca. Él ha curioseado, pellizcado y mezclado de esa información: ahí están sus novelas, sus poemas y sus propuestas. Y mis referencias son demasiado parecidas a las suyas como para no tenerle simpatía.

lunes, 15 de marzo de 2010

Un par de horas con M., un par de días después

Para ser sinceros, nunca me caíste bien, no sé por qué. Ni siquiera ahora. Cuando lo de Ayala, apostábamos por ti como el siguiente, aunque también tuvimos en cuenta a Saramago.
Empecé tres novelas tuyas, acabé dos, me gustó una y media, y ya sé que no te importa, como tampoco te importa que ahora mismo todo el mundo hable bien de ti, de tus novelas, de tu Castilla, de tu afición a la caza y de tu milana bonita, y tampoco te importa que ahora arrecien homenajes y ediciones en tapa dura.

Si no fuera porque creo que no hay nada después, diría eso de que nos espere muchos años, aunque algo me dice que no iríamos a parar al mismo sitio. No me caes, no me caíste nunca bien y estoy harta de que se hable de ti en todas partes sólo porque te ha dado por morirte. Por suerte se les pasará en un par de días, porque la literatura, la de verdad (eso lo reconozco, lo tuyo sí era literatura, a diferencia de lo que se hace ahora) sólo interesa si alguno la diña. Quién sabe, puede que sólo por eso ahora me dé por leerte: porque veré en las librerías, en la paradójica sección de novedades, algo que merece la pena, aunque no me cayeras nunca bien.