domingo, 11 de abril de 2010

Por qué me gusta la Nocilla y el café aguado

Ahora mismo debería estar reescribiendo un trabajo sobre la poesía postpoética de Agustín Fernández Mallo pero como para variar, estoy dispersa, me ha dado por pensar no en la cantidad de textos que tengo que ordenar y dotar de forma sino en las causas de que lo eligiera a él, el mutante, el nocillero, y no a otro de los que recoge la antología de poesía española reciente como Roger Wolfe, Ana Rosetti o Julio Martínez Mesanza (quisiera estar del lado de los otros, estremece un verso suyo, y reconozco que aunque no me guste o incluso y dependiendo del momento del día deteste la poesía española reciente, hay cosas que me llegan a eso que llaman el alma).

Fernández Mallo no parece tener que ver con nada de todo esto, sus versos (que son líneas) a veces son cualquier cosa menos versos, pero me llegan mucho más que cualquier perseguir ojos y cintura de un neorromántico, un sensista o un fanático del haiku. Sin embargo, cuando leo “Ahora yo ya sólo aspiro a las enumeraciones” en Carne de Píxel, me dan ganas de devorar toda la información o la informatina que reside en las páginas híbridas, mutantes, de ese poemario que es también teoría astrofísica.

Reconozco que al principio, cuando con esos experimentos de Profesor Bacterio (el calificativo tampoco es mío) consiguió colarse de lleno en el panorama literario y apropiarse de entrevistas y portadas de suplementos culturales, le tomé hasta manía. Después leí Nocilla Dream. Y podría hablar mucho de ella, pero bastante coñazo doy, en general, con lo que leo, además es probable que dentro de unos años o de unos meses reniegue de todo esto cuando vuelva a cambiarme las referencias. De momento, eso sí, prefiero Nocilla Experience, no sabría decir por qué, quizá porque no me cansa como el monólogo eterno de la primera parte de Nocilla Lab y porque me parece que culmina lo que apunta en Nocilla Dream: ese producto imposible que, como la Coca-Cola, sólo se parece a sí mismo. O algo así.

Habrá quien no le soporte, quien vea un bluff, quien no trague a este gallego que parece alimentarse de café solo y Lucky Strike, que habla con voz pausada de fractales, de chicles pintados en las aceras o del azar del parchís que rige este mundo. Lo que sí es para mí indiscutible es que, en la era Wikipedia y Twitter, nos falta conocimiento pero nos sobra información. Ahí está, más o menos trivial, más o menos manipulada, a nuestro alcance, como en las estanterías de un supermercado, para que hagamos con ella lo que nos plazca. Él ha curioseado, pellizcado y mezclado de esa información: ahí están sus novelas, sus poemas y sus propuestas. Y mis referencias son demasiado parecidas a las suyas como para no tenerle simpatía.

viernes, 9 de abril de 2010

Desayunar cicuta

Hubo un tiempo en el que yo me quejaba de los que desenvolvían caramelos en los pianissimos de los conciertos. Ya no lo hago, al menos no tan frecuentemente, pero creo que no es necesario que diga que me sigue molestando, igual que me molesta que la gente coma en el cine (gracias al doblaje y a los precios, voy ahorrándome cine y quejas), que lleve chanclas de piscina por las calles del Madrid canicular, que dos señoras (o señores, a veces no distingo) me taponen las aceras o que una familia gritona cargada de bolsas dirima media hora la forma de pagar la compra seudocultural de la semana. Por ejemplo.


Pero cuando descubrimos el placer oculto de la queja vienen los problemas : y es que es gratuita, tiende a ramificarse y además, quizá debido a las razones las anteriores, es enormemente adictiva.

Y, si te dedicas a ello con la soltura que dan las novelas y la mala baba que dan los años y la cierta predisposición burguesa a buscarle tres pies al gato de Angora, puede que hasta le caigas en gracia a un periódico que te pague por soltar dardos semanales a los que no dejan fumar en el restaurante donde te trataban por el nombre (que por cierto debe de ser el único que tiene cojones a atreverse con la ley), a los terroristas del bue gusto que muestran al mundo el torso peludo y sudoroso o a ese genérico de los ruidos nocturnos, que incluyen cuadrillas de limpieza, botelloneros, parejas exhibicionistas, borrachos o procesiones.


Hubo un tiempo en el que a mí me hacía gracia leer (y escribir) casi exclusivamente sobre lo que me cabreaba de la vida. Pero llega un momento en el que te preguntas a dónde lleva darte cuenta de lo incómodo que es precisamente ese asiento del autobús en donde has dado a sentarte, o lo jodidamente molesto que es el taconeo de esa aspirante a modelo en el pasillo de la biblioteca, y que levante la mano el primero que se contenga y se quede aquí en vez de mentarle a todos sus muertos o el resto de defectos que puedan afectar al reino de susceptibilidad que nos hemos montado en un momento.


Hace mucho que no escribo espumarajos de bilis (de hecho, hace mucho que no escribo, en general). Pero cuando leo cómo se quejan otros, aunque al resto del mundo le haga más o menos gracia la ponzoña que sueltan por esa boca, no puedo evitar imaginarme toda la que se dejan dentro. Y me pregunto si ese caramelo era tan sumamente importante para el curso de nuestras vidas.

martes, 30 de marzo de 2010

Favoritismo

Para el Dia E, día del español, esa lengua que nadie termina de aclarar si es correcto llamar castellano pero que todos están de acuerdo en que nos lo estamos cargando (mejor no hablo de los que dicen que sólo pertenece a los que no sesean), proponen que votemos nuestra palabra preferida, ya sea por cómo suena, por lo que significa o por lo que nos evoca.

Como tantas otras propuestas participativas, me picó la curiosidad a la vez que me dio ganas de lucirme. Y es que no sé por qué pero al final todo el mundo acaba salvando palabras o excesivamente barrocas o muy comunes: uno termina votando palabras como vida o retorcimientos de lengua como metempsicosis.

Así que frente a la pantalla, con cara de concentración y mentalidad de crítica pedante, se me ocurrieron catafalco, nefasto, estilográfica, lúgubre, ulular, deleznable, prestidigitador, casquivana y vitriólico. Me encantan, todas ellas, por una u otra razón que tiene que ver con mi pasado, mi tremendismo y mis ganas de hacerme notar allá donde voy (me sé de uno que me llamaría deletérea, que también me gusta, por cierto).

Me di cuenta, de tanto dar vueltas a las sílabas, de que sólo podía explicar una, que no es tan tremendista como la primera, ni tan rimbombante como el resto, y que es saudade. Porque parece tan extranjera que pensé que no vendría en el diccionario. Y sólo una palabra que no parece propia puede definir algo como.... bueno, como la saudade.

lunes, 29 de marzo de 2010

El mundo sigue sin nosotros y no, no es nada personal

Aún con la resaca de la noche de los teatros (ambigú, cava, vestuario y atrezzo, tequila y desajuste horario), el domingo a mediodía me agencio un sombrero y me desperezo al sol. Dejo que pasen las horas. Se me ocurre que me podría quedar así, sentada, disfrutando del domingo mientras el mundo avanza y el tiempo, aunque parece detenerse en una tarde, continúa llevándoselo todo y a veces, la clave está precisamente en admitirlo, en convivir con la pereza y con el impulso de empuñar el bolígrafo a ver qué sale de ahí, sin la pretensión de hacer algo trascendente pero a la vez, con el acicate de saber que hay algo más aparte del sol traicionero de marzo, que existen las mañanas de domingo y que a todos, de vez en cuando (pero muy de vez en cuando) nos llega la suerte en forma de tibieza.

domingo, 21 de marzo de 2010

Aún es 21 de marzo

Hoy, a modo de homenaje, podemos embriagarnos con láudano y absenta, o subir a Parnasos con garrafas de hidromiel barato, podemos buscar a Dios en las manos del obrero, en el cuerpo de la mujer, en el polvo de barro y en sombras; podemos incluso componer loas al diablo. O a la ciencia, que también tiene lo suyo.

Podemos hablar de caballos, tigres, fresas, azules, cerezas, lluvia y jazz, o de blues, vino y espejos, de la lluvia en la ciudad (París mucho mejor siempre); podemos vivir en los nombres y vomitar sobre adjetivos, y en un alarde de ingenio siempre puedes marcar su número y cuando conteste, decir felicidades, porque sí, como un romántico, como un ingenuo. Qué bonito.

sábado, 20 de marzo de 2010

Inspiración (II)

Ejemplo de argumento de una novela original:

"Una estudiante que, para huir en parte de un entorno sobreprotector y en parte guiada por su insaciable curiosidad, aprovecha una beca para estudiar varios meses en un país extraño: con una estructura de relato iniciático, va narrando sus experiencias: desde unos comienzos que debido a los choques culturales resultan casi traumáticos (aunque divertidos para el lector, por lo reconocible de las situaciones), un novio (personaje oponente) que la deja después de varias tensiones relacionadas con su nueva vida y en definitiva de los cambios (la distancia y las distintas velocidades de sus tiempos); a esa amalgama de clases, fiestas, drogas, amistades, polvos, interculturalismo, etcétera, etcétera. Finalmente se va aunque no nos dice adónde. Un ejemplo de diálogo final sería más o menos del tipo (en una azotea, la protagonista y el auxiliar exhalan humo a la última noche de la protagonista en el país): “-¿no vuelves a casa?” “-una vez leí que el hogar no es un sitio”. La protagonista haría aquí un guiño a ese otro personaje auxiliar que ha conocido y con quien ha tenido sus roces hasta que con eso de la partida y tal terminan mostrando esa complicidad que implica al lector-espectador, que sonríe melancólico, cierra el libro y automáticamente, lo olvida."

Novelas (y noveles) sin fecha de caducidad, Hostal Proust Ediciones, 2008

Me voy al supermercado.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Irrumpir interrumpiendo o me explico bastante mal

Yo no creo en el oficio. No creo en el artista ni en el artesano, pero me hace gracia el tiburón de Hirst, la basura en las galerías y la mierda enlatada. Me gusta el apropiacionismo. Me gusta el plástico, el látex y el egoísmo, y cada vez más leer en pantalla y en silencio las perlas lechosas de otros. Escribo por onanismo, por diversión, por morbo, por catarsis, por necesidad y por cabreo, no voy a llegar a nada con eso y seguramente mañana o dentro de cinco minutos me arrepentiré de todo o de gran parte. Me adhiero a eso de que no podemos emular a los genios porque nuestra época y nuestros medios son diferentes y defiendo el veintiuno como siglo de la egolatría. Con Internet, que el papel se lo quede quien pueda pagarlo, si ahora podemos poner verde al autor en su propia casa. No cobramos pero eso es lo mejor que puede pasarnos: no somos especiales por creer que lo somos o creer que tenemos un oficio cuando lo que tenemos es pura afición y vicio, mediocridades aparte.
El otro día pensaba que la única forma de parecerse a los de antes es morirse de hambre en el intento de vivir de la literatura.

lunes, 15 de marzo de 2010

Un par de horas con M., un par de días después

Para ser sinceros, nunca me caíste bien, no sé por qué. Ni siquiera ahora. Cuando lo de Ayala, apostábamos por ti como el siguiente, aunque también tuvimos en cuenta a Saramago.
Empecé tres novelas tuyas, acabé dos, me gustó una y media, y ya sé que no te importa, como tampoco te importa que ahora mismo todo el mundo hable bien de ti, de tus novelas, de tu Castilla, de tu afición a la caza y de tu milana bonita, y tampoco te importa que ahora arrecien homenajes y ediciones en tapa dura.

Si no fuera porque creo que no hay nada después, diría eso de que nos espere muchos años, aunque algo me dice que no iríamos a parar al mismo sitio. No me caes, no me caíste nunca bien y estoy harta de que se hable de ti en todas partes sólo porque te ha dado por morirte. Por suerte se les pasará en un par de días, porque la literatura, la de verdad (eso lo reconozco, lo tuyo sí era literatura, a diferencia de lo que se hace ahora) sólo interesa si alguno la diña. Quién sabe, puede que sólo por eso ahora me dé por leerte: porque veré en las librerías, en la paradójica sección de novedades, algo que merece la pena, aunque no me cayeras nunca bien.

martes, 2 de marzo de 2010

En un cartel

Se me hace raro ver mi cara y mi nombre en un cartel y más cuando arriba se lee poesía. Yo no escribo poesía, yo no voy a leer poesía y no he publicado nada en mi vida. Pero estoy ahí, como la intrusa de siempre. A ver qué pasa.


domingo, 28 de febrero de 2010

Ya está bien

Despierto y sé quién soy, al menos sé quién soy en este momento aunque dentro de unos meses o de unas horas me arrepienta, pero qué más da.

Ya está bien de gilipolleces, de autocomplacencia, de autocompasión, me digo cuando me encuentro ahí en el fondo de tinta de la taza de café, Ya está bien de espejos, de máscaras y de lluvia que ni notaba aunque me estuviese empapando hasta el tuétano de los huesos.

Leo (cómo no) al Bolaño detallista de La literatura nazi en América, leo al García Márquez sádico del cuento breve del teléfono y al García Márquez blandengue de Memoria de mis putas tristes, leo el blog de Fernández Mallo y sus aproximaciones al Cortázar que más me gusta (de momento), leo o intento leer al J.C. Ballard de The disaster area en su lengua original y es la primera o la segunda vez que intento algo así y me sorprendo disfrutando, leo tonterías sobre los coches rosas en Japón y me voy a ver Mulholland Drive en una televisión que casi tiene más años que yo y que refleja el pasillo de mi casa y sus luces frías, mientras fuera se desata una tormenta de ficción.

Pienso después que qué coño, que tengo oportunidad de publicar, de trabajar, de hablar de literatura en público (aunque, confieso, no me he preparado nada aún y es dentro de dos semanas), de ser quien yo quiera, a fin de cuentas, que no todo va a ser tan horrible como me gusta pintármelo, sobre todo cuando llevo dos días sin hablar con Naoko.

Y pienso que aunque me esté resfriando por culpa de la maldita lluvia de las cinco de la mañana, o aunque necesite ver un par de veces más las películas de Lynch o consultar el diccionario cada tres palabras o dotar a todo esto que estoy escribiendo de mínima unidad narrativa, ya está bien.

martes, 2 de febrero de 2010

Ver acedía

Salgo de un examen que puede resumirse como un estrepitoso fracaso de una hora, independientemente de la nota posterior. Cobro poco más de veinte euros por cinco minutos en que dije algo sobre las encuestas docentes: los cinco minutos mejor pagados de mi vida. Me arrojo a la cama y me quedo mirando a ninguna parte. Me pregunto a dónde voy. Me quedan menos cincuenta páginas para acabar La información de Martin Amis y me gustaría escribir una crítica de estilo pretendidamente literario, pero hace meses que no escribo nada decente. Me planteo acercarme a alguna exposición esta tarde para después reseñarlo como si realmente me fueran a pagar por ello. Me planteo llamadas, traslados de expediente, traslados de mundo. Me instigo para escribir sobre Tic-tac de forma personal o medianamente personal.

No sé si voy a hacer alguna de esas cosas, hoy. Me levanto. Me preparo un café. Me meto la dosis de Facebook. Tecleo en la web de la RAE. Dos acepciones y cuatro palabras que ahora mismo se hacen sinónimas.

domingo, 31 de enero de 2010

Inspiración (I)

-Hostal Proust, Pistas creativas. Le atiende Sara, dígame.

-Buenas noches, Sara. Soy Doxa Grey., de la clase de Cuento I: de la idea al papel. Perdón por las horas.

-La inspiración es caprichosa, Doxa.

-Estoy atascada con el ejercicio de esta semana, el de estilo propio, ¿lo tiene ahí?

-Sí, sí, aquí está. “Cuento original de extensión variable de una a dos caras, de ambiente urbano”. ¿Se resiste alguna idea en particular?

-Mire, es que me aburro. Ya he contado todos los encuentros en el metro, el tren y el puto búho, todas las palizas a niños y a mujeres, todas las borracheras lisérgicas, todas las niñerías perversas y las escenitas de parejas bohemias besándose lágrimas bajo la lluvia.

-Entiendo.

-Pues eso. Nos piden originalidad ante todo, pero es que no hay forma. Creo que estoy saturada de originalidad, no sé si me explico. A veces tengo la sensación de que no hay nadie normal.

-¿Y qué tal los gatos?

-Eh... bien, supongo... ¿qué?

-Un cuento sobre un gato pero como si fuera una persona, ambiguo, sin decir que es un gato hasta el final, un golpe de efecto que deje al lector diciendo “hala, claro...”

-Señorita.

-¿Sí?

Colgué para no decirle que me gustaría meterle una magdalena por la garganta. Taché un nombre de mi lista. Empezamos bien. Un puto gato. No estaría mal si no fuera porque había escrito hojas y hojas de movimientos sinuosos, ronroneos y maullidos. Como vuelva a leer otro símil de la mujer que se despereza tras hacer el amor como un elegante felino, mato.
El siguiente en la lista era No somos frikis, venimos de Orión: relato de ciencia- ficción. No sabía si me atrevería, pero siempre sería mejor que uno de creación poética. O no.

jueves, 28 de enero de 2010

Trasnochar(se)

Qué fácil es enarbolar la bandera de Bukowski cuando su obra entera está publicada en Anagrama; qué fácil es hablar de parches anticonceptivos o de masturbarse cuatro veces al día sin nadie que joda con niños y gatos muertos; qué fácil ladrar o aullar a un punk del que sólo queda el nombre y algunos discos viejos, sin que a nadie se le ocurra que aún existen simpatías por el diablo.

A veces creo que necesito un enemigo.

sábado, 23 de enero de 2010

La utilidad de mi blog

Resulta que he vuelto por aquí. Después de unos meses en los que fui mala, muy mala para algunos, muy hija de puta para otros; unos meses en los que se me quitaron las ganas de coger un bolígrafo y me largué muy lejos a simular que vivía.

Cuando leí 2666, a mitad del verano del 2009, me di cuenta de que estaba haciendo el imbécil. Al menos con la escritura. Por eso cerré el blog. Aunque seguí haciendo el imbécil con otros aspectos de mi vida, desaparecí un mes, volví para continuar eligiendo la peor de las opciones posibles y ahora, a un par de semanas de que comience el año del tigre (aunque visto lo visto, creo que hace años que no salimos de la era de las ratas) vuelve la necesidad de escribir o más bien de exhibir a los otros lo que hago, que es más bien poco.

Esta bitácora es totalmente inútil porque yo no tengo nada que ofrecer. No escribo para ningún otro soporte (al menos de momento), mi vida es como la de tantos otros universitarios a tiempo parcial, y mi gramática de la imaginación no me da para contar una buena historia. Así que me quedan los otros, los que sí que saben, a los que cito, a los que admiro y que en la mayor parte de los casos no se quejan porque están muertos. Leerme es una forma de voyeurismo y otra opción de las infinitas que existen hoy en día para perder el tiempo.

martes, 19 de enero de 2010

Escombros del 2009

Esto te puede interesar./Te lo dije./ Este tío es un trovador./ Somos una generación perdida./Vamos a desprogramar la asignatura./Podéis escribir un artículo opcional./Tengo que ponerme con el inglés ya./No puedo dormir./No me jodas que se me ha pasado la beca./No tengo hambre./ Desde que leí Tintín y el Loto Azul, así de simple./Hey, ¿qué te ocurre?./Para que no comas sola./Ros, estoy aquí./ Razones por las que solicitar la huida./O limpias o me largo./Nos hemos sentado en el peor sitio./Se me ha puesto la piel de gallina./ Pero tú sabes lo que tengo que estudiar./Pues yo voy solo al cine casi siempre./Vete a la mierda./Se va a enterar./Eso es muy vitriólico./Ponte una Voll-Damm./No me la van a dar, ya verás./Dímelo a la cara, dime que no me echas de menos./Lucifer toca en un music-hall./No, no tengo hambre./No pienses en ello, es mejor./No puedo más./Panda de cobardes./No puedo, no tengo tiempo./Sabes que estoy ahí./Pero dímelo a la cara./Me voy a China y no me lo creo./¿Ves? Ya no hay nada./Eres todo lo que odio./Me vuelves loco./No seas cínica./Esta ciudad es tan tranquila que da ganas de gritar./Aquello es otro planeta./No tiene conversación./Vente en fin de año, pero tomas uvas./Debo ser un milagro médico./Sólo el café./Es la primera vez desde que volví que me siento en casa./ Cojonudo no, lo siguiente./A veces pienso cómo le irá./Gan-bei es hidalgo./No, ya no. Lo siento.

viernes, 15 de enero de 2010

Propuestas para Samanta Villar (el regreso)

Es gracioso porque ahora nadie me creerá, pero hace mucho (veo ahora que el 3 de marzo de 2009, cómo pasa el tiempo) escribí en este blog una reseña sobre ese inefable programa llamado 21 días, a cuya estrella, Samanta Villar, proponía una serie de ideas para futuros programas que vuelvo a copiar aquí:


"El ser humano, hasta una cierta edad, necesita darse cuenta por sí mismo de lo es meter los dedos en un enchufe, aunque ya le hayan dicho que es malo; y hasta que no se da el calambrazo no dice “ah, pues era verdad”. Cuando todo esto se televisa y una persona se dedica a meter los dedos en un enchufe de forma sistemática, y a intentar desmentir tópicos “ah, pues quema más de lo que pensaba pero por dentro, qué curioso”, o “mira, no se pone el pelo blanco”, “lo del tizne en la cara es mentira, aunque a lo mejor si los dejo un poco más...”, entonces se dice que ha reinventado el periodismo de investigación en un formato novedoso.

Ha sido una pena que me enterara tarde de que Cuatro dejara enviar preguntas a la reportera, que ahora mismo debe de estar poniéndose hasta las cejas de costo después de haberse pasado 21 días sin tener que pagar el alquiler durmiendo entre mendigos como buena solidaria para después no comer y sentir todo eso que sienten las anoréxicas; más o menos como Super Size Me, pero al revés y llorando mucho. Como la próxima después de esto sea vivir 21 días como una pornostar, ya sabremos todos de qué palo va.

Ya que lo de los porros ya está propuesto, y como ya no puedo enviárselas a la cadena, desde la República de tinta le propongo:

Que pase 21 días metiéndose caballo con una jeringuilla comunitaria.

Que se tire 21 días prostituyéndose.

Aunque creo que lo mejor y más emocionante para todos sería que intentara llegar a 21 días jugando a la ruleta rusa."


Recupero el texto sólo porque ayer me enteré de que el reportaje dedicado al porno se va a emitir dentro de poco.

Por probar que no quede: Repito, señorita Villar, ¿para cuándo lo de la pistola?

martes, 12 de enero de 2010

El exhibicionismo no tiene excusa

No sé muy bien qué hago reabriendo si lo abandoné por hartazgo, cuando después de casi un año encantada de haberme conocido me fui paulatinamente cayendo cada vez peor. Supongo que, como se encargan de repetirnos las canciones, todos merecemos otra oportunidad, quemar todo lo escrito y dejar que la ceniza nos cubra las pestañas.

Lo importante es dejarse ver. El anonimato es algo relativo: en la ciudad los rostros se emborronan y se confunden, pero en la otra ciudad hecha de celdas azules hay nombres, apellidos y fotografías que atestiguan que no podemos escapar de nuestras vidas y que no podemos elegir lo que se sabe de nosotros.

Al menos, aquí puedo elegir los fragmentos de vida que muestro.