domingo, 14 de noviembre de 2010

No nos engañemos

La imagen [recurrente, preciosista] de esa joven leyendo plegada en el sillón a la luz gris de un mediodía de otoño [por citar un tiempo] que entra por el amplio ventanal asomado a la Gran Vía [por citar un espacio] de lo que hic et nunc es un hormiguero de escritores; y folletos aparatosos y tarjetones desperdigados por la mesa frente a un espresso de promoción servido en vasito de plástico y una silla vacía, puede constituir, y de hecho en un momento constituye [preciosista, recurrida] una de esas múltiples facetas bajo las que se muestra, o se esconde, la desolación.

2 comentarios:

Gabriela dijo...

Toda puesta en escena recurre y llega a un simple estado.

maloles dijo...

Sí, creo que es la viva imagen de la desolación; aunque bastante atrayente.